A HEART IN PARIS

Cuando decidí cambiar de rumbo mi vida y empezar esta nueva aventura todavía no podía ni imaginar la tormenta que se avecinaba. Todo comenzó como una diversión fuera de nuestros trabajos para crear una firma de moda con la excusa de hacernos nuestra propia ropa. Viajamos a París, donde ya habíamos vivido hace muchos años, estuvimos en ferias viendo tejidos y empezamos Lutecia desde el corazón. Con mucha experiencia en el mundo de la moda, mucha ilusión y poco tiempo, empezamos a diseñar, comprar tejidos, buscar patronistas…

La vorágine de trabajo que llevábamos nos iba arrastrando y no acabábamos de despegar. Sin embargo, de repente, la vida nos dio un vuelco que paralizó esta ilusión y nos hizo detener a tomar aliento. La vida es demasiado corta para levantarse lamentándose y hemos aprendido que hay que seguir, luchar y perseguir tus sueños. Fue entonces cuando tomamos la decisión de empezar en serio este proyecto.

Nunca tuve claro a qué quería dedicarme, la universidad fue una etapa de tránsito, y entonces llegó París. Primero un verano haciendo unas prácticas, después un año estudiando y, tras finalizar la carrera, otro año trabajando en un banco. Ahí me di cuenta que no quería pasar el resto de mi vida metida en un despacho haciendo números y, entre verbena y verbena, me inmiscuí sin quererlo en la sociedad parisina. Siempre fui muy francófila, además de afrancesada, pero esos años en París lo acentuaron todavía más. La moda en la calle y ese estilo tan particular que sólo tienen ellas me cautivó. En París aprendí a amar la moda sin saberlo. Al regresar a Barcelona fui a parar a una gran empresa de moda internacional y, de ahí, a otra gran empresa de lujo. Toda mi vida viendo a mi abuela coser ¡y lo tenía delante de mis narices! Lutecia es un homenaje a ella, a mi abuela modista, y a todos los abuelos del mundo que han consentido siempre a sus nietos. ¿Y el nombre? No podía ser otro, Lutecia es la ciudad de la luz, que tanto me enseñó.